Curiosidad para ser competitivos


La curiosidad es una de las habilidades humanas cada vez más reconocida en la empresa. Entendida como apertura mental y ansia de saber, está en la base del desarrollo del talento y favorece un clima de innovación. Es clave fomentarla entre líderes y empleados.

Innata en el ser humano desde que es pequeño, la curiosidad ha sido el motor de todos los descubrimientos y creaciones de la humanidad. Es un instinto de supervivencia que nos lleva a conocer el entorno para poder adaptarnos.

A las personas curiosas se les asocia mayor rendimiento y capacidad de trabajo, tienen mentes abiertas a nuevas ideas, capacidad de hacer las cosas de otra forma y son flexibles y perseverantes. Por eso empieza a reconocerse como una gran ventaja competitiva.

Fomentar la curiosidad ha de convertirse en una prioridad empresarial. Las corporaciones necesitan líderes curiosos interesados en lo nuevo, capaces de cuestionarse lo establecido, de detectar oportunidades y buscar nuevas soluciones. Capaces incluso de aprender de las máquinas, colaborando con ellas. Un líder curioso promueve que ocurra lo mismo con los miembros de su equipo.

Para ello, es recomendable favorecer la imaginación en el trabajo y un clima de interés y curiosidad para el futuro. Es decir, que los trabajadores muestren una actitud abierta y busquen otras formas de hacer las cosas; que líderes y trabajadores se retroalimenten mutuamente, que dispongan de espacios y de tiempo para conocer nuevos temas y saber más, con el objetivo de generar ideas y crear de forma colaborativa.

Mantener una actitud abierta hacia los demás, dispuesto a escuchar sus ideas sin prejuicios, alimenta la curiosidad y, en consecuencia, una actitud más próxima, una de las grandes virtudes de un líder. También el aprendizaje se vuelve fluido y constructivo cuando se basa en promover la curiosidad.

Hay que evitar, por el contrario, las tareas repetitivas, el traspaso íntegro del funcionamiento de un puesto de trabajo (deje que el nuevo trabajador pregunte e invente cómo conseguir sus objetivos), el exceso de confianza y el miedo a salir de la zona de confort.

Es más, la mentalidad curiosa debe ser recompensada. Sea económicamente, con medios o con tiempo para seguir practicándola.

La curiosidad está en la base del talento

El talento se genera en la curiosidad. Es ésta la que nos lleva a un tema concreto y la que nos mueve a profundizar en él, adquiriendo conocimientos o habilidades con ello. El desarrollo de un interés promueve, según nuecesyneuronas.com, la inteligencia, la autonomía, el autoestima y la capacidad para resolver problemas, porque la curiosidad y el conocimiento se retroalimentan: cuanto más se sabe, más se quiere saber.

La curiosidad estimula el hábito de indagar y de pensar, el interés por cuestionarse todo y realizar preguntas relevantes, la constancia y un trabajo de calidad. Lleva a aprender conocimientos versátiles capaces de producir mejoras e innovación al cruzarse entre ellos, en una forma de pensar horizontal. Es capaz de generar soluciones simples frente a situaciones complejas.

Ser curioso tiene que ver con ser inconformista, no quedarse con lo que ya se sabe, buscar respuestas, promover el cambio; con formarse continuamente movido por las ganas de saber sobre diferentes temas; con una buena adaptación al cambio, siempre buscando nuevas soluciones y personas que piensan diferente.

Así como existe el Cociente intelectual (CI) y el Cociente emocional (CE), existe también el CC o Cociente de curiosidad, que mide la apertura a lo nuevo, el hambre por saber y por hacerse preguntas, la tendencia a generar nuevas ideas. La curiosidad, como la inteligencia emocional, puede ser desarrollada, con un clima laboral de libertad para expresarse y un reconocimiento por parte de la empresa.

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