Horseway: “Queremos aportar bienestar a los caballos y a las personas, porque la sociedad necesita más conexión”


Melín Martínez, Co-fundadora de Horseway y única instructora de Equitación Conectada (Connected Riding) en España, dejó hace unos años el despacho de abogados donde trabajaba para dedicarse a la doma natural en una finca familiar situada en el parque Natural del Montnegre. Su madre le transmitió desde bien pequeña su pasión por los caballos y la importancia de mantener con ellos una relación basada en el bienestar. Desde Horseway ofrecen actividades para grupos y empresas, centradas en el bienestar de las personas, a través de la doma natural y de la Equitación Conectada.

¿Cómo comenzó tu interés por la Equitación Conectada?

Siempre he tenido mucho contacto con la naturaleza y cuando trabajaba de abogada, me apunté a un curso de doma natural con un caballo que habían domado muy rápido, al que le pedían demasiado y que estaba un poco revolucionado. El primer día fue bastante desastre. El caballo no me prestaba la suficiente atención, hacía lo que quería y yo no era consciente de que estaba gestionando mal la situación, si no que le echaba las culpas al animal. Pocos días después comenzamos un curso y los dos estábamos muy cambiados, porque yo era más consciente de cómo podía establecer una comunicación más clara y unos límites para que él estuviera más atento. El cambio fue tan brutal que me quedé muy sorprendida. ¿Cómo podía ser que en un día cambiásemos tanto? Esto me hizo decidir ir a Estados Unidos a hacer un curso más intensivo y cuando volví, cada fin de semana probaba cosas nuevas con los caballos. Empecé con la doma natural, comencé a entender un poco más al caballo, cómo piensa, cuáles son sus necesidades, cuál es la mejor forma de aprender para él… Pero a la hora de montar me di cuenta de que no teníamos la misma conexión y que había algunos puntos conflictivos. Con el tiempo, me decidí a dar el paso, dejé de ser abogada y vine a trabajar aquí. Al principio, me frustraba rápidamente, no tenía tanta paciencia y no miraba lo suficiente qué podía cambiar para que ellos me entendieran mejor. Fue un proceso a través del cual me di cuenta de que los caballos me ayudaban a conocerme mejor. Me enseñaron un camino de cambio, me abrieron mucho la mente a estas ganas de mejorar, cambiar y aprender más cosas para ser mejor con ellos.

¿Hiciste este descubrimiento en solitario?

Sí. Al principio comencé con la doma natural, que me dio una base de comprensión para la naturaleza del caballo (cómo piensa, sus necesidades, la importancia de nuestro lenguaje corporal, de saber que los caballos son animales muy sensibles que constantemente se comunican contigo).

Después descubrí la Equitación Conectada, que para mí fue como el paso de encontrar esta conexión en la parte montada. Conocí a Peggy Cummings, fundadora del método Connected Riding. La fui a ver, conectamos muy bien e hice unas clases particulares con ella. Por aquella época, tenía un caballo llamado Ilex, que ahora tiene 13 años y que es un caballo con mucho potencial, pero cada vez iba menos adelante en la pista y yo reaccionaba apretando más las piernas. Cada caballo te enseña alguna cosa y este me enseñó a que debía dejar de montar así y a ser consciente de que debía de buscar otra forma. Entendí que yo que pensaba que era suave al montar, no lo era. Al principio fue un palo, pero después fue un proceso de aprendizaje. Para mí la equitación conectada supuso entender muy bien cómo mi postura afectaba al caballo y también comprender que para el caballo no es natural que lo montemos. Lo que he entendido es que montar es un reequilibrio constante de jinete y caballo y la Equitación Conectada te sincroniza.

¿Este método permite conocerte mejor como persona para empatizar más con el entorno?

Sí, porque con el caballo debes empatizar totalmente, porque son más sensibles que nosotros. Cuando algo no funciona debes hacer un cambio. Los caballos siempre te enseñan mucha humildad y te das cuenta de que todo es más suave, sutil y que enseguida llegas a las cosas sin correcciones fuertes. Además, se aprende la asertividad. Lo que te enseña el caballo es la necesidad de vivir un poco como el otro y a ser más capaz de llegar a aquel caballo o persona, lo que es positivo para los dos. Si algo no funciona primero hay que plantearse qué puedes cambiar para que funcione y si sigue haciendo eso, hay que buscar otras vías, pero no podemos echarle la culpa a él.

Son animales que te permiten tomar conciencia mucho más rápido de las cosas porque te dan un feedback inmediato, directo, sin filtros y sin juzgar, reaccionan conforme a lo que reciben. Después de una sesión de estas, debe haber un seguimiento porque puede ser un día muy revelador en el que hayas aprendido cosas como, por ejemplo, que debes ser más asertivo, pero si luego no hay un seguimiento, no sirve de nada.

¿Cómo se puede aplicar este método, basado en la relación de respeto y armonía con el animal, en el entorno laboral?

Es un método totalmente extrapolable. Lo único que necesitas es establecer unos objetivos porque no es fácil hacerlo. Con los caballos es más fácil porque obtienes un cambio inmediato y las personas quizás requieren más tiempo. La verdad que es cuesta mucho más cambiar a las personas que a los caballos.

¿En una sesión grupal de empresa, las personas se comportan tal como son o sienten la presión de grupo?

Cuando hay un grupo existe la presión grupal de hacerlo bien. A veces sucede que para la gente del grupo se confirman cosas que sentían de alguna persona o tienen sorpresas con algunos compañeros que pensaban que no tenían liderazgo y ese día ven que llevan muy bien al caballo. Es algo revelador. A menudo damos una pauta de observación para que se observen. También se enseña a dar feedback, lo que es muy importante porque a menudo, sin querer, podemos ser un poco duros y, si lo hacemos de otra manera, puede ser mucho más constructivo.

¿Qué tipo de actividades con caballos ofrecéis a las empresas para desarrollar el crecimiento personal de los empleados?

En estas sesiones los trabajadores no montan, sino que nos centramos en la relación con el caballo, porque cuando realmente se coge toda la relación de confianza, respeto y comunicación con el caballo es a pie. Se pueden hacer ejercicios individuales o en grupo, trabajar el liderazgo, la comunicación, teambuilding…

También realizáis coaching y liderazgo con los caballos. ¿Qué se aprende en estas sesiones que después se puede aplicar en el entorno de trabajo?

En general, cuando la gente se va de estas sesiones nos dice que ha tomado conciencia de aspectos personales que pueden ayudar a la relación con los compañeros como es, por ejemplo, tener confianza contigo mismo cuando quieres transmitir alguna cosa o mantener la calma en todas las situaciones. Con los caballos aprendemos a ser asertivos y el nivel de asertividad dependerá de la persona que tengas delante porque a veces a una persona le puedes hablar de una manera y a otra no. Todo esto son herramientas que se pueden aplicar en el trabajo. Yo siempre comparo a los caballos con el rendimiento de un equipo porque tienen unos objetivos como manada muy claros: sobrevivir y procrear. Todos van a una y además saben que en su unión está la fuerza, por lo que colaboran y cooperan para conseguir sus objetivos. Entonces te das cuenta de que cuando realizamos un trabajo de equipo, los objetivos deben estar muy claros, aunque en el caso de las personas hay más roles, porque el liderazgo en la naturaleza de los caballos es más situacional, es decir, dependiendo del momento decido un caballo u otro. Las personas debemos ser conscientes de que quizás yo soy el líder de este proyecto, pero para esta parte, mejor que lo sea esta persona. Debemos intentar saber delegar en función de las situaciones y de lo que mejor funciona para el grupo. En estas sesiones ves cosas de empatía, tolerancia a la frustración, el saber gestionar las emociones, ser conscientes de cómo transmitimos las cosas, si realmente estamos escuchando al resto y el lenguaje corporal también es importante. Mi papel es que la gente sea consciente de sus habilidades y de sus puntos a mejorar.

En Horseway defendéis que no es necesario establecer una relación de dominio con el caballo, porque el animal solo busca seguridad y confort. ¿Cómo conseguís transmitir la importancia de una relación basada en el respeto y del bienestar?

Lo primero es que la gente sea consciente de que no puede venir directamente a hacer una excursión. Primero deben hacer las clases, recibir una explicación mínima de la metodología, de cómo es el caballo, de cómo piensa…El objetivo es entender qué es un caballo y qué comporta. También deben comprender que el momento de cepillar al caballo es un momento de establecer un vínculo con él. Luego viene el tema del manejo, ver si el caballo está bien o no y si quiere estar contigo. Si falta vínculo con el caballo quizás tienes que hacer cosas como llevártelo a hacer unos masajes, a dar un paseo sin montar o acompañarlo para comer hierba. Se trata de reciprocidad y si luego quiero montarlo, debo tener momentos para él.

¿Crees que la doma puede ayudar a las personas a ser más empáticas y a gestionar mejor sus emociones?

Sí, porque cuando conectas con un caballo las emociones son tan potentes que se quedan. Aquí lo hacemos a través de las emociones y esto es algo que se ve mucho en los niños, cómo cogen más autoestima, más confianza, más autonomía, empatizan más, escuchan más al resto… De lo que se trata es que entiendan que, si hay cosas que no le harías a un caballo, tampoco debes hacérselas a una persona. Vamos más lentos que en otros centros, pero respetamos al caballo, creamos un vínculo con él y lo ayudamos a estar mejor y a que le guste dar clases. Luego trasladamos todo esto que hacemos con el caballo a las personas. De hecho, Horseway se creó para aportar un granito de arena para el bienestar de los caballos, pero también para el de las personas, porque la sociedad necesita más conexión.

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