La rutina como zona de confort


La vida laboral de una persona está repleta de retos y continuos cambios, por lo que hay que aprender a perderles el miedo y a salir de la zona de confort. La rutina estanca, nuevas experiencias laborales ayudan a crecer y a mejorar, pero el miedo a cambiar de trabajo es una fobia muy común. Si es tu caso, prepárate para afrontarlo y disfrutar de los procesos de cambio, que van a aportarte muchos beneficios.

Comodidad versus implicación laboral

Al cabo de un tiempo en un puesto de trabajo, es inevitable que lleguen el exceso de comodidad y la rutina. Es decir, el trabajador se instala en su zona de confort: todo es más fácil, seguro y está bajo control. Pero también falto de emoción y de innovación. Se sabe que uno está en la zona de confort porque se siente cómodo pero insatisfecho, sin ilusión, hace las cosas sin saber ya bien por qué y cree que ya no necesita aprender nada. Desde aquí, cualquier cambio se ve como peligroso y representa un camino hacia  un futuro incierto.

Para elobservador, “a nivel organizativo, se puede considerar la zona de confort como el conjunto de competencias y habilidades que el individuo maneja con soltura, proporcionándole buenos resultados sin correr riesgos. Se puede resumir en ‘lo de siempre’, es decir, aquel espacio en el que se siente seguro pero no necesariamente feliz”.

Permanecer en la zona de confort, a la larga, es insatisfactorio para el trabajador y nocivo para la la empresa: disminuye el interés, la motivación y la eficacia con que se desempeña el trabajo.

“Una persona que está afectada y estancada por la zona de confort se caracteriza por ser facilista, por dar exacta y justamente lo que se le ha solicitado y por perder la capacidad de innovar, crear e imprimirle huella propia a su trabajo”, afirma elempleo.com.

No todas las personas que se han instalado en su zona de confort, sin embargo, necesitan salir de ella. Algunas pueden permanecer muchos años en su puesto laboral y mantenerse felices e interesadas por lo que hacen como el primer día. Solo cuando genera apatía o frustración, debe ponerse en marcha un proceso de cambio.

Salir paso a paso de la zona de confort

Salir de la zona de confort empieza deteniéndose a observar en qué punto se encuentra uno en su vida laboral y personal. Dónde se ha quedado respecto a sus sueños, cuánto disfruta con su trabajo, hasta qué punto está actualizado, qué le ha gustado especialmente en el tiempo que lleva en su puesto laboral y qué no… También hay que valorar las circunstancias personales y familiares, necesidades económicas, disponibilidad de tiempo…

En esta fase también hay que enfrentarse a las excusas, que es la forma que adopta la resistencia para no salir de la zona de confort. Esta es una de las grandes razones por las que ofrecer formación continua en la empresa es una poderosa medida para disponer de trabajadores motivados. Para Recursos Humanos es importante velar para que los empleados no caigan en su zona de confort, manteniéndolos actualizados, incrementando sus habilidades, planteándoles nuevos retos, practicando la escucha y preocupándose por cada individuo de la organización.

En segundo lugar, hay que observar el entorno: informarse de la evolución del sector, de los avances tecnológicos, profesionales y laborales, qué temas empiezan a despertar, nuevos métodos de organización o de trabajo, oportunidades laborales…

A partir de aquí, se pueden hacer muchas cosas para poner en marcha el proceso: aplicar técnicas para salir de la zona de confort, formarse, “darse un respiro”, viajar, hacer prácticas en un nuevo sector, ayudarse con un coach…

Todas las personas tienen en mayor o menor medida la tendencia a permanecer en esta “burbuja de comodidad” de la que hay que esforzarse para salir. ¿Por qué hacerlo? Porque lo desconocido aporta nuevas oportunidades e ilusiones que nos llevan a la “zona de aprendizaje” natural del ser humano: toda nuestra infancia y adolescencia son un continuo aprendizaje y superación de retos, que nos mantienen plenamente vivos y nos hacen avanzar y crecer como personas.

“El miedo a lo desconocido es entendido, a esas edades, como una inyección de adrenalina que nos anima a seguir transformándonos”, afirma también elobservador. Pensar que, de mayores, una vez superados grandes retos como la carrera o conseguir un buen trabajo, ya podemos “relajarnos”, nos lleva directamente a estancarnos en la zona de confort. Hay que entrar en la vida laboral manteniendo el espíritu del niño/a interior, no perder nunca esa ilusión y pasión. De esta forma se conecta con el poder personal para superar obstáculos, desarrollarse y acercarse al máximo potencial. Nunca es tarde para salir de la zona de confort y descubrir nuevas oportunidades.

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