Salva Rock: “La capacidad de adaptarse a los cambios es una de las claves más importantes del éxito”


Salva Rock es el “conferenciante rockero” o “el speaker de la guitarra eléctrica”, un profesional reinventado que vive en la intersección de varios mundos: el empresarial (licenciado en CC. Económicas y Empresariales con casi 15 años de experiencia nacional e internacional en diferentes sectores), el académico (profesor innovador y disruptivo de marketing, innovación y creatividad) y el musical (músico multi-instrumentista con dos discos en el mercado). Ha publicado dos libros y está escribiendo el tercero. Desde hace 10 años imparte conferencias por todo el mundo (hasta la fecha 12 países de 3 continentes) sobre “Music Thinking 4 Business People”, o qué podemos aprender de los músicos. Puedes visitar su página web haciendo clic en salvarock.es

¿Qué paralelismos podemos encontrar entre la música y la realidad empresarial?

Muchísimos, porque una banda de músicos no deja de ser una empresa en realidad, con su producto, sus clientes, sus canales de distribución, su plan de comunicación… En el mundo de la música abundan los casos de éxito, de adaptación al cambio, de innovación, de liderazgo y trabajo en equipo, y sobre todo es un mundo donde más que clientes existen los fans. Lo que yo hago en mis charlas tiene varios nombres, pero seguramente el más explícito es “Music Thinking for Business People”, es decir, qué podemos aprender de la manera de pensar y hacer de los músicos para el mundo empresarial “normal”, por llamarlo de alguna manera.

La música nos ofrece grandes lecciones sobre el trabajo en equipo. ¿Cómo generar un equipo en sintonía?

Hay varios conceptos esenciales para dar una respuesta. Uno de ellos es que los músicos estamos totalmente orientados al resultado. Una canción debe sonar bien, debe “caminar”. Los músicos no dejamos de ensayar, estudiar e intentarlo hasta que suena bien. Para sonar bien en grupo cada músico debe hacer un profundo trabajo de estudio y preparación individual. Si no sonamos bien, preferimos no subir al escenario. Y otro concepto importante es que para sonar bien y para que un equipo funcione correctamente, todos los integrantes deben saber escuchar a los demás. Se trata de una escucha atenta y profunda. El equilibrio es esencial para encontrar el ritmo, el volumen, la intención y el detalle óptimos para cada canción. Los músicos siempre tratamos de dar lo mejor de nosotros mismos en cada momento.

La figura del líder de las bandas de rock ¿es siempre necesaria en el terreno profesional?

Hay diferentes modelos de liderazgo en el mundo de la música, desde los puramente dictatoriales hasta los más democráticos. Los dictatoriales funcionan bien en un entorno en que hay un músico que tiene una visión, un proyecto y da indicaciones a los demás, que necesitan esas instrucciones. Yo he liderado varios proyectos y he trabajado con músicos que directamente me han preguntado “¿cómo quieres que toque esta parte?”, pero en este caso se trataba de una pregunta honesta, sin actitud, pidiendo instrucciones. Los músicos necesitan instrucciones y un liderazgo claro, sin titubeos. En esa situación yo era el “Project owner”, el líder de ese proyecto. Sin embargo, en otros entornos los músicos comparten decisiones y se practica lo que llamamos un liderazgo distribuido o alternante. Significa que el liderazgo va cambiando de manos según el proyecto lo requiera. Eso es algo muy interesante.

Todo el mundo tiene un talento. ¿Se puede cultivar?

Todo el mundo tiene al menos uno, y muchas personas tienen varios. La cuestión es saber reconocerlo a tiempo para poder usarlo. Yo me di cuenta de que tenía talento como comunicador cuando tenía 36 años. Hasta entonces había sido un economista más, empleado en diferentes empresas. Luego todo cambió. Construí mi vida alrededor de mi talento. Soy afortunado de haber dado con él.

Y por supuesto que se puede cultivar, claro que sí. Un buen ejemplo del mundo de la música lo encontramos en dos tenores famosísimos: Pavarotti y Josep Carreras. El primero tenía un talento innato para cantar. Su voz era realmente prodigiosa, un auténtico torrente que se desataba al abrir la boca. Josep Carreras era distinto, su voz era pequeñita, tuvo que luchar mucho, esforzarse mucho, estudiar, prepararse… Los dos llegaron al Olimpo de la ópera y, sin embargo, podríamos pensar que uno nació para ello, mientras que el otro se empeñó en llegar hasta allí, hasta que lo consiguió. Para mi tiene más mérito el que lo ha conseguido a base de esfuerzo y determinación.

Te describes como un “learnaholic”, adicto al aprendizaje. ¿Dónde están los límites?

Bueno, sin duda los hay, y miente quien diga que no. Los límites están ahí, pero basándome en mi experiencia, suelen estar más lejos de lo que uno creía. Es decir, uno siempre es capaz de conseguir más de lo que cree. Pero es importante marcarse unos objetivos lógicos y sensatos. Yo no me veo aprendiendo alemán y ni lo voy a intentar. Sin embargo, cada año aprendo cosas nuevas. En 2018 he perfeccionado una serie de platos de cocina (me encanta cocinar), como guitarrista he empezado a tocar jazz (siempre creí que estaba por encima de mis posibilidades) y estoy aprendiendo a pintar al óleo con sorprendentes resultados (ya tengo hasta encargos). En 2019 he empezado a tocar la batería en una banda de música funk, y caramba… nunca creí que fuera capaz, pero me lo estoy pasando bomba. La capacidad de aprender es innata en todo ser humano, y es algo que deberíamos cultivar a diario, con cosas grandes o pequeñas, pero a diario. Siempre digo que la vida es un viaje de transformación basado en las experiencias que vivimos y eso incluye todo lo que aprendemos. El ser humano es una auténtica máquina de aprender.

Dices que los músicos no solo tienen “clientes”, tienen fans. ¿Cómo pueden los profesionales de los recursos humanos convertir sus empleados en fans?

Un fan es alguien que siente una conexión emocional con tu marca o con tu persona. Por lo tanto, la clave está en la gestión de las emociones, precisamente para que se produzca ese vínculo emocional. Los músicos no tenemos sólo “clientes”, sino fans, y el simple hecho de usar esa palabra cambia nuestra actitud hacia ellos. Nunca oirás a un músico hablar de sus clientes. Eso sonaría horrible. Los músicos queremos deleitar a nuestros fans, aportarles emociones, reflexiones y significados, ser importantes en sus vidas, que conecten con nuestras historias. La música es terapéutica, pero caramba, es que cualquier interactuación humana puede ser terapéutica, y, de hecho, debería serlo.

Razón vs. Emoción. Las emociones tienen el poder de cambiar el comportamiento de la gente. ¿Es posible generar un contagio emocional positivo en el trabajo?

Por supuesto que sí. Los humanos somos de manera innata diseñadores de emociones, aunque la mayoría lo hacen inconscientemente. Si se nos educara y entrenara en el diseño emocional otro gallo nos cantaría a todos. Seríamos capaces de darnos energía positiva unos a otros, de animarnos, de inspirarnos, de sacar lo mejor unos de otros. Esa es una habilidad que debería potenciarse en cada persona, desde pequeño. Lo contrario de un empleado tóxico es un empleado terapéutico, curativo, alguien que genera emociones positivas en su entorno, capaz de crear un ambiente mental positivo. Hay personas que lo hacen muy bien de manera intuitiva, mientras que hay otras que lo hacen fatal sin ser conscientes de ello.

La adaptación al cambio y la reinvención ¿son las claves para el éxito?

Sin duda son dos claves importantes para el éxito, aunque hay muchas más: la empatía, la asertividad, la creatividad, la imaginación, la gestión del miedo…

En cualquier caso, la capacidad de adaptarse a los cambios es una de las más importantes, simplemente porque el cambio es lo único que siempre está garantizado. Por lo tanto, la capacidad para sobrevivir a los cambios y sacarles el mayor provecho es una habilidad esencial para seguir jugando esta partida vital que jugamos cada día.

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