¿Trabajar sin vocación?


Las profundas transformaciones del siglo XXI están cargándose un mito: no hay un proyecto vital para cada persona, sino varios. A lo largo de la vida vamos a cambiar nuestros intereses, e incluso trabajaremos sin vocación en algún momento, sin que ello influya en dejar de ser felices y sentirnos satisfechos con nuestro trabajo.

Todavía arrastramos de la época industrial el hecho de que nuestra profesión nos defina como personas. ¿En qué trabajas? es la pregunta usual cuando se presentan una a otra, en un intento por valorar “su productividad”.

Afortunadamente, nuevos valores como la inteligencia emocional e incluso la “inteligencia espiritual”, más acordes con el espíritu del nuevo siglo, sitúan al ser humano en su lugar: no importa lo que hace sino lo que es. Nuestros talentos no son profesionales, sino personales. Nacemos con facilidad e interesados por determinadas cosas, que podemos aplicar en la profesión, pero también en la vida personal.

De esta forma, podemos trabajar en aquello a lo que nos lleva nuestra vocación o no, enfocar ésta a temas personales, o no importarnos cuál sea y trabajar en la oportunidad que se nos presenta, disfrutando con ello. Teniendo en cuenta, además, que a lo largo de la vida cambiamos como personas y también lo hacen nuestros intereses.  La formación continua nos permite adaptarnos a ello y a la evolución del mercado, de manera que con nuevos escenarios podemos conocer nuevos intereses.

Son varias las razones por las que un trabajo puede aportar sentido a una persona, más allá de la vocación. Y ésta no tiene por qué ser prioridad en la vida: podemos equilibrar su importancia con otros intereses, como el desarrollo de hobbies o una vida social plena.

Qué aporta valor al trabajo

El trabajo no es solo el lugar donde se desarrolla nuestra vocación. Es también un lugar de aprendizaje y de relación con otras personas. Y cómo no, una forma de conseguir lo necesario para vivir.

La satisfacción laboral no depende solo de la capacidad del puesto de trabajo de permitirnos desarrollar una vocación, sino también de la relación entre compañeros, la cultura y el objetivo de la empresa, las vacaciones, las condiciones laborales, las medidas de conciliación… Pero especialmente, de la actitud personal.

La plenitud -en cualquier ámbito- depende de que seamos capaces de entregar lo mejor de nosotros mismos en aquello que estamos haciendo. Implicarnos y encontrar sentido en lo que hacemos, sea lo que sea, hacerlo bien y con calidad humana, eso es vocación.

Y aquí Recursos Humanos tiene un gran papel: el de reconocer la aportación de cada uno de los trabajadores de la empresa, hacerles sentir que su labor es valorada y  útil. También, favorecer la conexión entre los trabajadores no solo profesionalmente, sino como personas. Con espacios para un desayuno o un café y una charla, actividades extraordinarias, formación como equipo, etc.

Según Workmeter, lo más valorado en un puesto de trabajo es:

  • Estabilidad o seguridad laboral.
  • Que la empresa sepa administrarse financieramente y no peligren los sueldos en épocas de crisis.
  • Un salario justo -y en general, ser tratados de manera justa, sin favoritismos ni discriminaciones sea cual sea la razón-.
  • Flexibilidad en el puesto de trabajo, en las tareas que hay que realizar, en el horario -teletrabajo incluido- y las vacaciones… Flexibilidad es sin duda uno de los valores prioritarios del siglo XXI, como forma de trabajar sin estrés y de favorecer la conciliación familiar.
  • Buen trato hacia los empleados y buena relación entre compañeros: sentirse respetados.
  • Que haya retos a largo plazo en el trabajo. Mantener el interés en lo que se hace y en mejorar, sea con nuevos objetivos de la empresa, innovación, trabajo en equipo con otros departamentos, formación…
  • Reconocimiento por los éxitos logrados: mimar el orgullo profesional.

 

A lo que añadimos otras aspiraciones como contar con autonomía personal en el trabajo, una buena dirección, participar de las decisiones de la compañía, un espacio donde aportar ideas… y sentirse orgullosos de la empresa para la que trabajan.

Disfrutar del trabajo sin tener una vocación es posible. La clave está en tener la mente abierta y estar dispuesto a asumir cambios en el día a día, lo que nos puede llevar a descubrir nuevos intereses.

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