¿Cómo deben aprender los alumnos en un mundo tan cambiante?


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Uno de los grandes temas que está generando debate en la sociedad no es otro que la educación. La crisis económica destapó un paradigma que se ha demostrado obsoleto para satisfacer las necesidades de las personas del siglo XXI. La forma cómo preparamos a los niños y jóvenes de hoy para desenvolverse en el volátil mundo laboral de hoy y del mañana está en el ojo del huracán… El sistema de educación fue concebido, diseñado y estructurado durante la revolución industrial, basado en la capacidad académica, basado en modelos estandarizados.

Generaciones anteriores basaron sus sistemas educativos en la acumulación de conocimiento, en el que el aspecto intelectual priorizaba sobre el emocional (arrinconando asignaturas como música, manualidades o educación física). Los altos índices de fracaso escolar y una legión de ‘ninis’ presentes en diversos países de Europa, entre otras causas, han hecho replantearse la forma en la que los pequeños aprenden y se desarrollan como personas.

El paso por la escuela marca la personalidad y ofrece herramientas para encarar los desafíos en la futura etapa adulta. Sin duda, el mañana pertenece a los que se preparan para ello; pero se cuestiona  la forma en cómo lo hacemos. El cofundador de Apple y profesor de tecnología en un colegio estatal, Steve Wozniak, hace énfasis en el ‘cómo’ más que en el ‘qué’: “Lo que enseñas ya no es realmente importante, pero cómo lo aprendes definirá el éxito que tendrás en el futuro”.

Richard Gerver, prestigioso experto en educación propone soluciones para adaptar la enseñanza a las nuevas realidades. Una realidad que se ha modificado radicalmente, en los últimos años, para los alumnos: “Cuestionar, reflexionar, extraer las partes importantes para dar respuesta al desafío que tienen por delante. La educación está cambiando y hay una revolución en marcha en todo el mundo”. Se está iniciando la transición de un sistema enfocado en comprobar el rendimiento académico, en preparar a los niños para superar exámenes, a otro en la que la educación integral de la persona está en el centro de todo. En este sistema se busca el emprendimiento, y así se abre un amplio abanico de posibilidades en la educación de los niños y jóvenes.

El papel de los profesores en este momento de cambio es crucial, aunque pueda parecer que la tecnología y el fácil acceso a infinitas cantidades de información les están arrinconando. A la pregunta sobre si la tecnología hará irrelevantes a los profesores, Eric Schmidt, presidente ejecutivo de Google, lo tiene claro: “Nunca, porqué la educación en su esencia estará siempre basada en relaciones humanas, porqué trata primero del desarrollo del ser humano. La tecnología es excitante, ayudará a cambiar la forma en que educamos.”

César Bona, nominado para el global Teacher Prize en 2015, está convencido que primero son los valores; y en concreto el respeto. Y sobre estos sólidos cimientos se aguantan el resto de materias. El trabajo fundamental del profesor -que va a ser ejemplo para centenares de niños a lo largo de su trayectoria- es el de alimentar la curiosidad y la creatividad de los niños. En este sentido va Roger Shanck: “Los estudiantes solo pueden aprender con experiencias en situaciones interesantes”.

Javier Bahón, CEO de TUinnovas (laboratorio internacional de innovación y coaching educativo), tiene claro que el 99% de los conflictos humanos proceden de la comunicación (o la falta de ella). Por ello es tan importante la escucha activa y la empática, el saber exponer tus ideas en público y el dominio de los lenguajes verbal y no verbal. También cree que las emociones tienen un papel preponderante: “Es imposible aprender si los estímulos externos no pasan por el sistema emocional. Lo que queda más anclado en nuestra memoria es lo que emociona”.

Las nuevas herramientas, las innovadoras maneras en las que los alumnos van a solucionar los problemas de su día a día les van a servir de mucho en su futura trayectoria laboral. Javier Bahón lo argumenta con un ejemplo muy gráfico: “El valor añadido de una empresa se logra cuando aportas tu capacidad de emprender, trabajo en equipo, de ser perseverante, confiar, comunicación fluida, flexibilidad ante los cambios. Son competencias básicas que hasta no hace mucho no se contemplaban en la educación más tradicional. Son herramientas que te sirven para la vida más allá que la acumulación de conceptos”.

Los profesores que solo ofrecen definiciones van a desaparecer, dentro del 47% de las profesiones actuales; en las dos próximas décadas.

Toda esta realidad se materializa de forma brillante en Saunalahti School, el colegio finlandés que encabeza el ranking PISA (informe que se basa en el análisis del rendimiento de estudiantes a partir de unos exámenes que se realizan cada tres años en varios países con el fin de determinar la valoración internacional de los alumnos).

En las clases hay sofás y no hay pupitres mirando al profesor. Las materias se imparten tanto dentro de las aulas como al aire libre. La escuela enseña liderazgo trabajando en equipo, profundizando en conocerse a uno mismo, saber cómo tratar a las personas, cómo entusiasmarlas y cómo llevar la responsabilidad. Siempre buscando el rendimiento desde lo que tiene sentido para los alumnos. Hanna Sarakorpi, directora del centro, entiende el liderazgo de forma muy amplia, incluso en la vertiente personal: “Cada niño puede ser un líder en sí mismo. Las personas necesitan liderarse a sí mismos. Deben establecer sus objetivos y dirigir sus vidas”.

El método -basado en la pedagogía positiva, potenciando las fortalezas de los niños- hace una evaluación mensual, como seguimiento de su evolución. Se complementa con reuniones trimestrales a las que asisten el maestro, los padres y en niño haciendo énfasis en lo que les hace sentirse orgullosos del estudiante.

El resultado de este nuevo planteamiento son nuevas herramientas formativas y educativas para que los niños se preparen con garantías para un futuro incierto y volátil.

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