El Compliance Officer empodera la cultura corporativa


Las nuevas regulaciones y la necesidad de la empresa de ser creíble a ojos de la sociedad han creado la necesidad de un nuevo profesional: el Compliance Officer o persona responsable de crear y velar por las buenas prácticas y de gestionar los riesgos legales. Veamos qué aporta esta figura a la empresa.

La globalización y la responsabilidad digital, entre otros aspectos, complican cada vez más el entorno legal de una empresa. Surgen constantemente nuevas legislaciones nacionales o europeas sobre protección financiera, responsabilidad penal, transparencia, tratamiento de datos… La empresa necesita un profesional que esté al día de todas las obligaciones normativas y riesgos en que puede incurrir, pero que sepa avanzarse también a las demandas sociales y a los retos éticos del futuro.

Además de lo estrictamente legal, un Compliance Officer se responsabiliza también de detectar y prevenir malas prácticas en la empresa y de fomentar una cultura corporativa ética. Defiende tanto a ésta como a los clientes y proveedores de los errores que la empresa pudiera cometer.

Esta figura profesional está ya tan extendida que existe la Asociación Española de Compliance, para profesionalizar y regular esta nueva figura profesional.

Una profesión de perfil ético

El hecho de que este profesional vele por los intereses tanto de la empresa como de su ámbito relacional, y que sea transversal a todos los departamentos, exige de él un alto compromiso ético. Tiene que actuar “como un juez”, conocer el panorama general y futuro y ejercer un buen liderazgo. El Compliance Officer ha de ser capaz de ver y analizar a fondo un comportamiento de la empresa, comunicar convenientemente sus conclusiones e imponer un cambio, incluso entre directivos.

Esta nueva figura debe conocer a fondo la empresa y el sector para el que trabaja, supervisando regularmente procesos internos. Ser un experto en regulaciones y normativas y contar con una buena red de especialistas, que le puedan asesorar a él y a la empresa sobre cuestiones concretas y ayudarle a identificar riesgos. El cumplimiento legal y, en cierta medida, la reputación de la empresa, están a su cargo.

El compromiso social de la empresa

Una empresa incorpora un Compliance Officer para sincronizar con las normativas y demandas sociales, y para estar preparada para los retos del futuro. No solo es una forma de protegerse, sino una declaración de intenciones hacia un mayor compromiso ético. La empresa quiere realmente entender y aplicar las nuevas normativas, velar por los intereses propios, pero también de sus clientes y de la sociedad en general y anticiparse a los que están por llegar. Es una profesión técnica complementaria a la de responsabilidad social corporativa.

La ética empresarial da cada vez más valor a la reputación de una corporación, como valor del nivel de confianza y transparencia alcanzado con sus clientes y con la comunidad. Este compromiso debe quedar reflejado en el código ético, en el que se reflejan los principios y valores de la empresa. Sus directrices obligatorias y deseables van más allá de lo que la empresa está obligada a hacer, sino de lo que se compromete a hacer tanto en su trato con sus trabajadores como con la sociedad. Es el reflejo de cómo espera la dirección que se comporte el ente en conjunto y todos sus miembros. El código ético define la función de la empresa en la sociedad, su filosofía y sus formas de actuación, el procedimiento para resolver un conflicto y cómo proteger el capital humano frente a posibles injusticias.

Según ASCOM, la Asociación Española de Compliance, esta figura “es una parte esencial de la cultura que deben adoptar todas las organizaciones como parte de un compromiso ético y responsable y como una forma de generar un valor seguro para sus propios grupos de interés, como clientes, accionistas, empleados y otros”.

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