Empleos que hacen del mundo un lugar mejor


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Dedicamos muchas horas al año desempeñando una actividad laboral. La dimensión personal va intrínsecamente ligada a la faceta de trabajador de cualquiera. La personalidad, inquietudes, miedos, sueños y anhelos íntimos acaban teniendo una incidencia muy amplia en el rendimiento en el lugar de empleo. Para el pasado ha quedado la frase que sostenía que “los problemas personales los dejas al cruzar la puerta de la oficina”.

No estamos solos en este mundo. Somos entes sociales que nos relacionamos constantemente con otros, nos sentimos bien compartiendo y colaborando con los demás para construir un mundo mejor. Si tienes un empleo que ayuda a la comunidad -con un alto componente social-, sueles estar muy comprometido con lo que haces. Y esto es porqué contribuyes a hacer del mundo un lugar mejor. En consecuencia, es mucho más fácil ser feliz si el trabajo tiene sentido para ti.

Un reciente estudio de PayScale en EEUU, demuestra que empleos que van en beneficio de la comunidad pueden estar muy bien pagados. Así, no tienen porqué estar reñidos conceptos como “felicidad” y “remuneración”. En este sentido, las profesiones relacionadas con la sanidad llevan aparejadas salarios que rara vez bajan de las seis cifras (cirujanos, anestesistas, ginecólogos, psiquiatras, médicos de familia, pediatras, dentistas, podólogos u optometristas). En otros ámbitos también destacan los profesionales de la educación primaria y secundaria y los directores ejecutivos en empresas.

Y es que para ser feliz, las emociones acaban estando por encima de los bienes materiales. Este hecho se agudiza en profesiones en las que hay contacto directo con otras personas, con las que trabajas para mejorar su calidad de vida. Diversos estudios científicos lo confirman, ya que la huella que dejan las emociones fruto de las experiencias perdura en el tiempo, en la memoria. La felicidad no radica en que unos tengan más que otros, sino en que se ponga el foco y la atención en lo que tiene sentido para uno mismo. Todo ello redunda en beneficio de la empresa. La regla es muy clara y simple: en el caso de que te sientas a gusto con lo que haces, eres mejor profesional.

En este tipo de empleos, el día a día se acaba convirtiendo en una rueda virtuosa. La conexión entre tu propósito vital y laboral te modela como un individuo positivo. El hecho que veas posibilidades y ventajas en lo que haces supone que rindas entre un 65 y un 100% más que una persona en un nivel normal. Ese empuje y pasión llevan a un aumento de la productividad. Y ese aporte de valor a la empresa se traduce en un reconocimiento a tu trabajo que genera aún un mayor optimismo… Y todo acaba redundando en el empleo como elemento de disfrute. ¿Alguien puede pensar en una situación mejor?

Sectores como el tabaco, la munición o los pesticidas incomodan más a sus trabajadores

Por el contrario, en el lado opuesto de la balanza, se puede dar la situación en la que  los valores de la compañía no coincidan con los nuestros. En ese caso debemos plantearnos cómo nos influye en nuestra persona; si nos sentimos cómodos trabajando para la misión de la corporación y si sentimos orgullo de pertenencia al proyecto empresarial. Dado que las emociones negativas duran 112 minutos -frente a los 42 de las positivas-, el vivir con pesimismo tu empleo puede tener consecuencias negativas personales, tanto a nivel de autoestima como hasta incluso de salud (hay períodos de insatisfacción prolongada que pueden llevar a una situación de depresión).

Profesionales de la industria tabaquera, munición, pesticidas y agentes hipotecarios encabezan la lista, según PayScale, de las profesiones nocivas para el bienestar del planeta.  Aunque gozan de salarios superiores a la media de EEUU, el 80% de quienes consideran que su empleo es destructivo para otras personas o para el medio ambiente, quieren cambiar de empleo. Este hecho demuestra que, más allá del dinero, los valores de las empresas para las que trabajamos tienen mucho peso en nuestro estado de ánimo y en la felicidad del planeta.

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