Formar para afrontar lo desconocido


¿Cómo prepararse para un mundo automatizado? En la nueva sociedad de la información, las ideas, la creatividad y la capacidad de reinventarse son las habilidades necesarias. Mientras, la neurociencia demuestra que no aprendemos de memoria, sino experimentando y emocionándonos. Y que no hay límites.

1. Nuevos modelos educativos

Los modelos experimentales con adolescentes se basan en utilizar lo que más les gusta, las tecnologías, para fomentar su curiosidad y motivación, auténticas palancas de aprendizaje. En Finlandia, según CCCB Lab, “la educación se basa en enseñar a pensar en lugar de memorizar, y ello incluye tratar los temas que a los estudiantes les interesan y también usar las herramientas educativas que les motivan, que no son otros que las tecnologías”.

«Pero ahora necesitamos formar a personas preparadas para afrontar lo desconocido, capaces de gestionar los imprevistos, de tener ideas nuevas ante problemáticas que serán cada vez diferentes», considera en el mismo artículo Sergi Jordà, profesor de la Universitat Pompeu Fabra.

Internet ya está produciendo cambios importantes en la forma de procesar la información, los procesos de aprendizaje y de participación. Las herramientas digitales, por ejemplo, favorecen la colaboración y el autoaprendizaje, enseñando a aprender a partir de pensar en lo que se está haciendo, de los procesos.

En algunas empresas se está apostando por una formación individualizada y creativa, que forme al trabajador en su capacidad para generar nuevos resultados, potencie sus fortalezas y mejore sus habilidades de comunicación. Este nuevo modelo de formación, práctica y atractiva, incorpora experiencias personales, aprendizaje de los errores y un trazado de autodesarrollo. Los trabajadores tienen autonomía para proponer las materias de aprendizaje que desean aprender.

Por eso las empresas buscan profesionales capaces de aprender de manera constante. Según el modelo de aprendizaje 70:20:10 de Morgan McCall, Robert W. Eichinger y Michael M. Lombardo, el 70% del aprendizaje profesional proviene de la práctica, el 20% de la retroalimentación con otras personas y el 10%, de la formación. Las empresas son por tanto una poderosa fuente de aprendizaje informal, que puede convertirse en herramienta educativa y de autorreflexión sobre habilidades futuras.

2. Aprendizaje activo

«Si tenemos la suficiente curiosidad, somos capaces de aprender por nosotros mismos», reivindica Sugata Mitra, profesor de tecnología educativa de la Universidad de Newcastle, en el anterior artículo del CCCB Lab. Sin embargo, Liz Alexander, en The future of work, explica que para lidiar con la imprevisibilidad característica de estos tiempos, es necesario desarrollar una “mente auto-transformadora”. Podemos desarrollar nuestro enorme potencial mental pasando de una mente modelada por “la tribu” a una mente auto-desarrollada e incluso, auto-transformadora. ¿Necesitamos aumentar nuestro potencial mental para vivir en el nuevo siglo o basta con cambiar de mentalidad?

El éxito de los MOOC o cursos abiertos masivos en líneas confirma la tesis de Sugata Mitra, y demuestra que la formación ya ha saltado de las aulas a Internet. Cualquier persona puede hoy crearse su propio proyecto de autoaprendizaje continuo a partir de estos cursos gratuitos o de pago, impartidos profesores, expertos en una materia o comunidades de aprendizaje colectivo.

Para Recursos Humanos es una oportunidad de formación para los trabajadores. Su misión puede ser la de hacerles salir de su zona de confort, ayudándoles a confeccionar su propio aprendizaje continuo mediante Moocs, colaboraciones con otros profesionales, participación en proyectos internacionales, plataformas digitales, etc. Para incentivarlo, pueden crear entornos colaborativos con proyectos comunes internos o externos e intercambio de experiencias.

3. Habilidades del futuro

En un panorama de automatización en que la mayoría de trabajo mecánico será realizado por una máquina, las habilidades punteras son las que nos hacen humanos. Esto es:

  • El pensamiento crítico para una óptima toma de decisiones.
  • La habilidad para construir relaciones y trabajar colaborativamente.
  • La capacidad de aportar soluciones nuevas.
  • Saber moverse en diferentes culturas y en entornos virtuales.
  • Sentirse cómodo con los datos y la infoxicación.
  • Dominar la comunicación multimedia.
  • Pasar de la especialización a la transdisciplinariedad.

Para lograrlo, se tienen que poner las pilas las empresas, los centros formativos, gobiernos y por supuesto, los trabajadores, cada vez más responsables de su propio desarrollo profesional.

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