Los equipos eficaces generan energía positiva


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Hay organizaciones saludables y organizaciones toxicas. En las primeras el secreto está en las personas comprometidas, motivadas, muy profesionales, que encuentran sentido a su trabajo y se comunican y relacionan bien. En las segundas, ocurre todo lo contrario… en ellas se observa un mal ambiente, en donde la queja, el comentario negativo, la desgana y la apatía se apoderan de las personas, provocando que aparezcan síntomas de una organización enferma.

Una de las actividades que se cuidan con más esmero en las organizaciones sanas, es el trabajo en equipo. Pero no es fácil… Trabajar con compañeros por un objetivo común, parece algo normal, pero muchas organizaciones se empeñan en demostrarnos lo contrario, y además tienden a confundir grupo con equipo, lo que es un gran error.

Un grupo, está compuesto por varios individuos que trabajan de forma individual para alcanzar un objetivo global. Un equipo, es un grupo de personas, con habilidades complementarias, que están comprometidos con un objetivo común.

Pero para que un equipo sea productivo, deben tenerse en cuenta algunas consideraciones:

1.- Sentirse parte activa. Es aquí donde debe aparecer el orgullo y espíritu de equipo. Si un miembro  no se siente integrado, acogido, involucrado, respetado, reconocido… no participara con espontaneidad, ni con libertad, ni con naturalidad y de esta forma no dará lo mejor de sí mismo. Si observas a un equipo trabajando, rápidamente te darás cuenta de quien está dándolo todo y quien, por el contrario, se reserva por miedo, falta de confianza, o por no estar lo suficientemente entusiasmado con el proyecto en el que no cree.

2.- Comprometerse con los objetivos y con los valores. Difícilmente una persona puede colaborar con su equipo si no comparte sus objetivos. Sin duda, para ello deberá conocerlos, haber participado en su diseño y estar dispuesto a trabajar por alcanzarlos. Los objetivos deben ser retadores, difíciles, alcanzables y medibles.

Y de los valores ¿Qué? Pues si los objetivos son importantes, los valores lo son mucho más. ¿Cómo me voy a comprometer con un equipo cuyos valores chocan con los míos? Tener las ideas claras es el mejor y único camino para alcanzar la meta.

3.- Aceptar los conflictos como una oportunidad de mejora. Desde que el hombre vive en comunidad, desde ese momento nace le conflicto. Es prácticamente imposible encontrar un equipo en donde no haya aparecido algún choque, aunque solo fuera puntual. La forma de intentar resolver las disputas es mediante la conversación, el dialogo y la buena fe. No siempre se gana, hay que aprender a perder. Tanto del éxito como del fracaso se sacan aprendizajes muy valiosos. Aun teniendo el mismo objetivo y los mismos valores, el conflicto en determinadas circunstancias es inevitable. Pero siempre será una oportunidad de mejora. No lo olvides…

4.- Respetar las opiniones ajenas. No hay verdades absolutas, todo es opinable. Cada persona ve su realidad desde su perspectiva. Respetar las opiniones del otro, es la mejor manera de aceptar la “diversidad”. Cuando uno trabaja con personas que tienen ideas distintas a las nuestras, nos están ofreciendo una estupenda oportunidad de aprendizaje y de demostrar nuestra madurez. Entender, no necesariamente conlleva el hecho de aceptar. Diferentes opiniones nos facilitan un mayor abanico de posibilidades, y por tanto una mejor forma de poder enfocar los problemas.

5.- Los “roles” están claros. Cuando en un equipo, las responsabilidades no están definidas, no están claras… con todo seguridad aparecerán un buen número de problemas y disputas personales, que lo único que hacen es debilitar el espíritu de equipo y reforzar el “ego” personal, lo que no lleva nada más que al fracaso, el mal ambiente y a un estrés innecesario. Cuando existe “áreas grises”, o las aclaras o fracasas. Hacer un buen “Job Description”, ayuda a clarificar ideas, lo cual no supone encasillarse y perder flexibilidad. No existen personas capaces en general, sino en tareas concretas (Peter Drucker)

6.- El papel del líder. Un líder eficaz no es alguien querido o admirado. Es alguien cuyos seguidores hacen las cosas correctas. Este es el verdadero papel del líder. Una organización sin alguien que tire, con ideas claras y compromiso cierto con la organización, está llamada a deambular pero no a ser productiva. Hay que sacar a la gente del “yacuzzi” y ponerlos en el gimnasio… O dicho con otras palabras, sacarlos de la rutina y ponerlos en acción… No podemos consentir organizaciones anestesiadas…

7.- Buena y fluida comunicación. La comunicación debe ser conversación. La gente debe intercambiar ideas, pedir opiniones, ofrecer soluciones… La mejor forma de aclarar las dudas es hablando cara a cara. Se necesitan organizaciones con “peregrinos”, es decir personas que caminen, se dejen ver, charlen y mejoren las relaciones personales. Hablar es la mejor forma de trabajar, de entender a los demás.

8.- Flexibilidad. Un equipo al que le falte cintura, está llamado a convertirse en un “si Jefe”… y esto anula la iniciativa, la creatividad, las nuevas ideas… Nada hay que no se pueda cambiar. Todo es susceptible de transformarse. No hay soluciones perennes, el mundo cambia y los equipos deben adaptarse, sin perder su identidad, a los nuevos tiempos. No se pueden dirigir organizaciones de quinta generación con equipos de tercera generación. La tecnología avanza a velocidades de vértigo y no es posible la parálisis…

9.- Asumir las decisiones como si fueran propias. Cuando un equipo quiere ser productivo, deja que sus miembros aporten sus iniciativas. Estas se discuten, se hablan, se ponderan y una vez adoptada una decisión todos los miembros del grupo la aceptan como propia, la hacen suya. Esta es la mejor forma de demostrar la unidad del grupo. Con ello se evitan interpretaciones erróneas y la gente ve con claridad hacia dónde va la organización. Hablar de disensiones, o de que no han tenido en cuenta mi opinión, es funesto para la imagen del equipo.

10.- Participación total. En un equipo eficiente todos hablan y todos escuchan. El intercambio es la mejor herramienta. Hay que animar a los más “débiles” a que participen. Para ello es importante lanzar el mensaje  de que todo el mundo tiene derecho a equivocarse, que el error se acepta y que el impulso de la autoestima es imprescindible. Cada miembro tiene que sentirse parte del todo. Cuando alguien se aleje, hay que salir en su búsqueda…

Competencias requeridas: Para ser un buen “Jugador de Equipo” es necesario reunir una serie de competencias básicas, tales como: humildad, comprensión, honestidadgenerosidad, escucha, coherencia, compañerismo y alegría.

Artículo de Jaime Pereira, publicado en su blog jaimepereira.es

Jaime Pereira es director de Comunicación de la Federación Española de Bancos de Alimentos (FESBAL) y en su trayectoria cuentan diversas experiencias en departamentos de Recursos Humanos, ocupando la Dirección en compañías como Johnson Max o Sanitas. Además, ha formado parte del desarrollo de la unidad de negocio de Consultoría Estratégica en Manpower; ha sido miembro del Consejo Asesor de la Cátedra SEAT en el IESE y del Máster de RRHH de Eurofórum; y coautor de de dos libros (España 2010: Mercado Laboral; Organización y Recursos Humanos). Además, escribe habitualmente artículos sobre gestión y dirección de personas en periódicos y revistas especializadas y participa en foros, debates, conferencias y programas de radio.

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